Ingreso: todo lo que entra
Ingreso es todo lo que entra a tu casa: el sueldo si lo tienes, lo que vendes, los cachuelos, lo que manda un familiar. No es solo el sueldo.
Si tu ingreso cambia de una semana a otra, no eres raro. La mayoría de la gente del barrio está igual, y casi todos los consejos que vas a leer por ahí están escritos para gente con sueldo fijo. Por eso no te sirven.
Doña Rosa vende menú en el mercado. Un martes hace S/180 y un jueves de lluvia hace S/60. Su ingreso no es «S/120 diarios»: es un rango. Saber el rango — cuánto entra en una semana buena, una normal y una mala — vale más que un promedio.
Gasto fijo y gasto variable
El gasto fijo viene todos los meses, quieras o no, casi siempre por el mismo monto: alquiler, luz, agua, colegio, internet, la cuota de una deuda.
El gasto variable cambia según lo que pase esa semana: comida, pasajes, recargas del celular, ropa, salud.
La diferencia importa por una razón práctica: los fijos hay que cubrirlos sí o sí, así que se apartan primero. En los variables es donde hay algo que mover cuando la cosa se pone dura.
Si el alquiler es S/450 y el colegio S/120, esos S/570 no se negocian este mes. Pero los S/40 semanales en delivery sí.
Ahorro: no es lo mismo que guardar
Ahorro es plata que apartas y no tocas hasta que la necesites de verdad. Lo importante de esa frase es «no tocas».
Guardar plata en la casa tiene tres problemas, y uno no te lo esperas. Uno: te pueden robar. Dos: cuando pasa una emergencia está ahí nomás, a la mano, y se va. Y tres, el que nadie dice: la familia sabe dónde está, y siempre hay alguien que necesita prestado.
Guardar en casa no es ahorrar. Es tenerlo cerca. Y lo que está cerca, se gasta.
Deuda: ni buena ni mala por sí sola
Deuda es plata que le debes a alguien y que vas a tener que devolver. Pedir prestado no está mal. Depende de dos cosas: cuánto te cuesta, y para qué es.
Puede tener sentido para comprar mercadería que vas a vender, para arreglar la herramienta con la que trabajas, o para una emergencia de salud. Casi nunca lo tiene para pagar otra deuda, para una fiesta, o para cualquier cosa que no te va a devolver plata.
Nunca pidas un préstamo para pagar otro préstamo. Esa es la puerta por la que se entra a la trampa, y desde adentro casi nadie sale solo.
El precio es lo que pagas. El valor es lo que recibes.
Interés: lo que cuesta usar plata ajena
Interés es lo que cuesta usar plata que no es tuya. Se paga por tiempo: mientras más tiempo la tengas, más cuesta. Ese es todo el concepto.
Los porcentajes confunden a todo el mundo, así que olvídalos y hazte siempre una sola pregunta:
«¿Cuánto devuelvo en total?»No «¿de cuánto es la cuota?». La cuota siempre suena manejable — para eso está diseñada. El número que importa es el total.
S/25 al día suena manejable. S/250 en un mes, no. Es el mismo trato, contado de dos maneras.
Capital y cuota: no confundirlos
Capital es la plata que te prestaron, sin contar lo que cuesta el préstamo. Cuota es lo que pagas cada vez.
Quien te quiere vender un préstamo caro te va a hablar de la cuota, porque la cuota siempre suena chiquita. Quien te quiere informar te va a hablar del total.
«Solo S/30 semanales» — ¿durante cuántas semanas? Si son 26, son S/780. Pregunta siempre las dos cosas juntas: cuánto y cuántas veces.
Colchón: cuántas semanas aguantas
El colchón es plata guardada para cuando pasa algo malo. La forma útil de medirlo no es en soles, es en semanas.
Si gastas S/300 a la semana y tienes S/900 guardados, tu colchón es de tres semanas. Eso quiere decir que si mañana dejas de ganar, tienes tres semanas antes de tener que pedirle a alguien.
El colchón es lo único que te separa del gota a gota. No es un lujo para cuando sobre: es lo primero.
Socio: dueño, no cliente
En un banco eres cliente. El banco tiene dueños y tú no eres uno de ellos. En una cooperativa eres socio, y socio quiere decir dueño de una parte.
¿Qué cambia en la práctica? Que votas en la asamblea — un socio, un voto, sin importar cuánto ahorraste — y que lo que se genera vuelve a los socios y no a un inversionista de afuera.
Por eso el primer paso en una cooperativa siempre es hacerse socio. No es un trámite de más: es la diferencia.
Ciclo y repartición
En un grupo de ahorro, el ciclo es el tiempo que dura una ronda completa — normalmente un año. Empieza cuando el grupo se arma y termina el día de la repartición, cuando a cada socio le toca lo suyo según lo que puso.
El día de la repartición te llega de golpe más plata de la que manejas normalmente. Decide para qué es un mes antes, no ese día: ese día vas a estar contento, y contento se decide mal.
Ya sabes qué significa cada palabra. Ahora, el método para ordenar tu plata cuando el ingreso no es fijo.