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Cuánto entra de verdad
Al terminar vas a poder decir cuánto entra a tu casa en una semana buena, en una normal y en una mala.
Si a cualquiera le preguntas cuánto gana, contesta un número redondo. «Unos S/1,200 al mes.» Ese número casi nunca es cierto, y no porque la persona mienta: es que el ingreso no es un número, es un rango.
Ingreso es todo lo que entra: lo que vendes, el sueldo si lo hay, los cachuelos, lo que manda un familiar. Todo, aunque sea poquito y aunque no sea todas las semanas.
Y lo que sirve no es el promedio. El promedio te miente en las dos direcciones: en la semana buena te hace sentir pobre y en la mala te hace creer que algo salió mal. Lo que sirve son tres números: semana buena, semana normal, semana mala. Con la mala se planifica. Con la buena se ahorra.
Doña Rosa vende menú en el mercado. Una semana buena hace S/560; una normal, S/420; una mala, S/240. Si arma su vida con S/420, se atrasa una de cada tres semanas y no entiende por qué. Si la arma con S/240, las otras dos semanas le sobra — y eso que sobra es justo lo que se puede apartar.
Una hoja pegada en la puerta de la cocina. Cada noche anotas lo que entró ese día. Siete noches. No hace falta nada más, ni saber sumar rápido.
¿Cuánto entró el mejor día de esta semana y cuánto el peor?
Si no lo puedes decir, el paso no está hecho todavía. Son siete anotaciones, una por noche.
Mi cuñado me devolvió S/50 que le había prestado. ¿Eso es ingreso?
No. Esa plata ya era tuya y volvió. Ingreso es lo que entra nuevo. Anotarlo como ingreso te hace creer que ganas más de lo que ganas.
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A dónde se te va
Al terminar vas a poder separar tus gastos en dos grupos: los que vienen sí o sí y los que decides tú.
Hay dos clases de gasto, y confundirlas es lo que hace que una persona se sienta impotente con su propia plata.
El gasto fijo viene todos los meses, quieras o no, casi siempre por el mismo monto: alquiler, luz, agua, colegio, internet, la cuota de una deuda. El gasto que cambia depende de la semana: comida, pasajes, recargas, ropa, salud.
La diferencia importa por algo muy práctico: los fijos hay que cubrirlos sí o sí, así que se apartan primero y no se discuten cada semana. Y en los que cambian es donde hay algo que mover cuando la cosa se pone dura. Si no los separas, cada apretón se siente como «no alcanza para nada», cuando en realidad casi siempre hay una sola partida que se puede mover.
Y está el que nadie anota: el gasto que se va de a poquitos. Cinco soles no se sienten. Cinco soles seis veces por semana sí.
Los S/3 del pan y los S/2 de la gaseosa al mediodía son S/5. De lunes a sábado, S/30 a la semana. Al mes, S/130. Eso es la cuota del colegio de un hijo. Nadie dice que dejes de comer: lo que hace falta es saberlo, porque lo que no se ve no se decide.
La misma hoja de la puerta, ahora con dos columnas: entró y salió. Todo lo que salió, hasta el sol de la propina. Esta semana solo se mira; no te reclames nada todavía.
El pasaje al mercado, ¿es gasto fijo o de los que cambian?
De los que cambian. Viene seguido, sí, pero tú decides cuántas veces vas y cómo. Fijo es lo que llega igual aunque tú no hagas nada.
¿La cuota de una deuda es gasto fijo?
Sí, y de los más duros: no se puede mover ni un mes. Por eso cada deuda nueva te quita margen para siempre, hasta que termina.
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Tu número fijo de la semana
Al terminar vas a poder decir cuánto tienes que juntar cada semana solo para no atrasarte con nada.
Suma todos tus gastos fijos del mes. Divide entre 4,3. Ese es tu número fijo semanal, y casi nadie lo tiene.
Sirve para una cosa muy concreta: cada semana sabes si vas bien o vas mal antes de que sea tarde. Si tu número fijo es S/175 y esta semana juntaste S/120, ya sabes el lunes que te faltan S/55 y todavía tienes seis días para hacer algo. Sin ese número te enteras el día que vence el alquiler, cuando ya no hay nada que hacer.
Ojo con el 4,3: un mes no tiene cuatro semanas. Tiene 4,33. El que divide entre 4 se queda corto todos los meses y nunca entiende por qué.
Alquiler S/450 + luz y agua S/110 + colegio S/120 + internet S/70 = S/750 al mes. S/750 ÷ 4,3 = S/175 a la semana. Ese es el número de esa casa. Todo lo que junten por encima de S/175 es plata con la que se puede decidir; todo lo que falte de ahí es un atraso que ya viene en camino.
Saca tu número fijo y escríbelo en un papel donde lo veas. Si prefieres que lo calcule solo, la herramienta de presupuesto lo hace en dos minutos y además te dice cuántas semanas aguantarías sin ingresos.
¿Por qué se divide entre 4,3 y no entre 4?
Porque el año tiene 52 semanas y 12 meses: 52 ÷ 12 = 4,33. Dividiendo entre 4 te falta casi una semana de plata al año, y esa semana aparece siempre en el peor momento.
Mi número fijo es S/175 y esta semana junté S/300. ¿Los S/125 que sobran son míos para gastar?
Todavía no. De ahí sale el colchón y de ahí sale tu meta. Recién lo que queda después de esos dos es para gastar sin culpa. Eso es el paso 5.
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Aparta primero, no lo que sobra
Al terminar vas a poder tener un día fijo de la semana en el que apartas antes de gastar.
Casi todo el mundo intenta ahorrar lo que sobra a fin de mes. Nunca sobra. Y no es falta de voluntad: es el orden.
Se da vuelta. Primero apartas, después gastas lo que queda. Es exactamente la misma plata, puesta en otro orden, y cambia el resultado.
Dos cosas hacen que funcione. La primera: el mismo día siempre. La cabeza se acostumbra a los días, no a los buenos propósitos. La segunda: que esté en otro lado. La plata que anda en el bolsillo se gasta aunque tenga nombre.
«Otro lado» no es un cajón. En un cajón la plata está cerca, y lo que está cerca se gasta. En un grupo de ahorro está en otro lado de verdad, porque para sacarla hay que dar la cara.
Don Julio cobra los sábados. Todos los sábados, antes de ir al mercado, aparta sus S/175 de lo fijo y S/25 para el colchón. Recién con lo que queda hace las compras. Lleva ocho meses sin atrasarse con el alquiler; antes se atrasaba tres de cada cuatro meses. No gana un sol más que antes.
Si al final de la semana te acuerdas de ahorrar, ya es tarde. Se aparta el día que entra, no el día que sobra.
Elige el día — el día que más plata te entra — y ese día aparta tu número fijo. Nada más por ahora. Todavía no hace falta que sea mucho.
¿Cuánto hay que apartar para que valga la pena?
Lo que puedas sostener todas las semanas. S/10 todas las semanas valen muchísimo más que S/100 una sola vez, porque lo que estamos construyendo es la costumbre.
¿Y si esta semana no me alcanza?
Apartas lo que puedas, aunque sean S/5, pero no rompes el día. Lo que no se puede romper no es el monto: es el día.
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El colchón va antes que la meta
Al terminar vas a poder decir cuántas semanas aguantarías si mañana dejara de entrar plata.
Colchón es plata guardada para cuando pasa algo malo. No tiene nombre, no tiene fecha, no es para nada en particular. Esa es toda la gracia.
Se mide en semanas, no en soles. Si gastas S/300 a la semana y tienes S/900 guardados, tu colchón es de tres semanas. Tres semanas es una buena primera meta; con eso ya no toda emergencia se convierte en deuda.
Y va antes que cualquier otra meta, aunque suene aburrido. Sin colchón, la primera emergencia se come la meta que estabas armando — y peor: la emergencia sin colchón es la puerta exacta por donde entra el gota a gota.
El colchón no es un lujo para cuando sobre. Es lo único que te separa de tener que pedirle al gota a gota el día que pase algo. Y va a pasar algo. Siempre pasa algo: eso no es mala suerte, es la vida normal.
A dos vecinas se les enferma un hijo el mismo mes: S/400 de farmacia. La que tenía tres semanas de colchón pagó y siguió con su vida. La que no tenía, pidió S/400 prestados y terminó devolviendo S/620 en seis semanas. La diferencia entre las dos no fue el sueldo. Fueron S/400 guardados.
Calcula tu colchón: lo que tienes guardado dividido entre lo que gastas en una semana. Si te da menos de 3, esa es tu meta hasta que llegue a 3. La herramienta de presupuesto lo calcula sola.
Aparece una oportunidad de negocio buenísima. ¿Puedo usar el colchón?
No. Si se usa para eso, no era un colchón. Las oportunidades y los proyectos se financian con metas, que es el paso 6.
Tengo S/600 guardados y gasto S/250 a la semana. ¿Cuánto es mi colchón?
S/600 ÷ S/250 = 2,4 semanas. Te falta poquito para las tres. Vas bien.
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Una meta con monto y fecha
Al terminar vas a poder tener una meta escrita con su monto, su fecha y cuánto te toca guardar por semana.
«Quiero ahorrar» es un deseo, y los deseos no se cumplen porque no se pueden medir. Una meta tiene tres cosas: para qué, cuánto y para cuándo.
Con esas tres sale sola la cuarta, que es la única que se usa en el día a día: cuánto por semana. La cuenta es simple: el monto dividido entre las semanas que faltan.
Si ese número no lo aguantas, no bajes la meta a cero — dale más tiempo. Una meta con más plazo se cumple. Una meta abandonada, no.
Y de a una. Si repartes lo mismo entre tres metas, las tres avanzan y ninguna se termina. Terminar la primera es lo que da ganas de seguir, y ninguna cuenta hace eso por ti.
Marisol quiere una vitrina para su puesto: S/900, para el 20 de diciembre. Faltan 30 semanas. S/900 ÷ 30 = S/30 por semana. «Ahorrar para el negocio» no le decía nada y lo dejó tres veces. «S/30 los sábados» sí, porque eso sí se puede cumplir o no cumplir.
Escribe una meta, una sola, con su monto y su fecha. La herramienta de metas te dice cuántas semanas te toma y te compara ir de a una contra repartir entre varias.
Tengo tres metas y me alcanza para las tres a medias. ¿Qué hago?
De a una, empezando por la más chica. Terminas una pronto, y esa sensación es la que te sostiene las otras dos.
Mi meta necesita S/80 por semana y solo me sobran S/40. ¿La bajo a la mitad?
Mejor dale el doble de tiempo. Bajar la meta a la mitad muchas veces la deja sin sentido — media vitrina no sirve —, y el plazo casi siempre se puede estirar.
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Cuánto cuesta un préstamo de verdad
Al terminar vas a poder decir en soles, no en porcentajes, cuánto te cuesta cualquier préstamo.
El porcentaje no le dice nada a nadie, y quien vende préstamos lo sabe. Por eso no te habla del costo: te habla de la cuota. «Son S/25 diarios, nada más.»
Hay una sola cuenta que importa, y se hace con los dedos: cuota × número de cuotas = lo que devuelves. Eso menos lo que te prestaron es lo que te costó.
S/25 diarios × 30 días = S/750. Si te prestaron S/500, te costó S/250. La mitad de lo que pediste, en un mes.
Con ese número en la mano ya da igual si el papel dice 20%, 60% o no dice nada: sabes cuántos soles salen de tu bolsillo. Y esa es la única pregunta que se compara entre dos ofertas.
A dos personas les ofrecen S/1,000. A una: S/60 al mes por 24 meses → devuelve S/1,440, le cuesta S/440. A la otra: S/50 a la semana por 30 semanas → devuelve S/1,500, le cuesta S/500, y en la mitad de tiempo. La segunda suena más chica porque la cuota es más chica. Es la más cara de las dos.
Si quien te ofrece plata no te sabe decir cuánto vas a devolver en total, no es que no lo sepa. Es que no quiere que lo sepas.
Toma una deuda que ya tengas y haz la cuenta: la cuota por las cuotas que faltan. En la página de metas hay una calculadora que lo hace sola y te lo dibuja.
Me prestan S/800 y devuelvo S/40 semanales durante 26 semanas. ¿Cuánto me costó?
40 × 26 = S/1,040. Te costó S/240, o sea casi un tercio de lo que pediste.
Entre dos ofertas, ¿la de cuota más baja es la más barata?
No necesariamente, y casi nunca. La cuota baja suele venir con muchas más cuotas. Compara siempre el total, nunca la cuota.
Defenderte · 4 min
Las cinco preguntas antes de firmar
Al terminar vas a poder hacer cinco preguntas de memoria antes de aceptar cualquier préstamo o compra en cuotas.
Son estas cinco, siempre las mismas, en este orden:
- ¿Cuánto voy a devolver en total?
- ¿En cuántas cuotas y de cuánto cada una?
- ¿Qué cobros hay aparte del interés?
- ¿Qué pasa exactamente si me atraso una cuota?
- ¿Me lo puede dar por escrito?
La quinta es la más importante y la que menos se hace. Quien presta en serio te da el papel sin que insistas. Quien se molesta porque preguntas ya te contestó todo lo que necesitabas saber.
Y preguntar no es desconfiar ni es una falta de respeto. Es lo normal en cualquier trato de plata. La vergüenza de preguntar sale muchísimo más cara que la pregunta.
Elena hizo las cinco en una tienda de electrodomésticos. En la tercera apareció un «seguro» de S/18 mensuales que nadie había mencionado: S/216 al año por algo que ella no había pedido. Se lo sacaron ahí mismo cuando preguntó. No se lo habrían sacado nunca si no preguntaba.
Cópialas en las notas del celular. La próxima vez que te ofrezcan algo — un préstamo, una compra en cuotas, un «crédito fácil» por mensaje — las lees ahí mismo, delante de la persona.
Me dicen «no te preocupes por el papel, somos conocidos». ¿Qué hago?
Justamente entre conocidos conviene el papel, porque es lo que evita el pleito y el rencor después. Si no hay papel, no hay trato.
¿Preguntar tanto no me va a hacer quedar mal?
Al revés: al que pregunta se le cobra menos. El que cobra de más no busca al que pregunta, busca al que no pregunta.
Defenderte · 6 min
Cómo funciona la trampa del gota a gota
Al terminar vas a poder reconocer un préstamo trampa y saber qué hacer si ya estás en uno.
El gota a gota no es caro por maldad: es caro por diseño. Te presta en el día, sin papeles y sin preguntar nada, y todo eso lo cobra. Entre 500% y 1.400% al año, que en soles quiere decir devolver dos o tres veces lo que pediste.
Se ve barato porque se cobra en pedacitos diarios. Nadie suma S/25 diarios. Todo el mundo entiende S/750 al mes.
Y la trampa no es el primer préstamo: es el segundo. Cuando la cuota diaria ya no te deja llegar al fin de semana, te ofrecen «refinanciar» — plata nueva para pagar la vieja. Ahí la deuda deja de tener final.
Se sale, pero no solo y no callado: se sale poniendo el total en un papel, hablándolo con alguien, y buscando quien preste más barato para cerrar esa deuda de una vez.
Te prestan en el día sin preguntar nada · cobran diario o interdiario · no te dan ningún papel · te ofrecen más plata antes de que termines de pagar. Cuatro de cuatro es gota a gota, se llame como se llame y sea quien sea el que presta.
Si tienes una deuda así, escribe en un papel el total que te falta devolver: la cuota por las cuotas que quedan. Solo verlo escrito ya cambia las decisiones. Y habla con alguien esta semana, no el mes que viene. Si no tienes con quién, escríbenos.
Me ofrecen prestarme más antes de que termine de pagar. ¿Es buena señal?
Es la peor de todas. Al que le conviene que tú nunca termines de pagar es justamente al que cobra los intereses.
¿Pedir prestado para tapar el hueco del mes es una salida?
No: lo agranda. Un hueco mensual se cierra con los pasos 2 y 3 — viendo qué se puede mover —, nunca con plata prestada.
Con otros · 6 min
Ahorrar con otros
Al terminar vas a poder explicar por qué en grupo se ahorra mejor que solo, y qué diferencia hay entre ser cliente y ser socio.
Los nueve pasos anteriores son cosas que puedes hacer solo. El décimo es el que hace que los otros nueve duren más de dos meses.
Ahorrar solo depende de la voluntad, y la voluntad se cansa. Ahorrar en grupo depende de que el jueves hay reunión y los demás te van a ver. Funciona no por la plata: por la cita.
La junta de toda la vida funciona por esa misma razón, y además es rápida y sin papeles. Donde falla es en tres cosas: no queda registro de quién puso qué, el que cobra primero tiene ventaja sobre el que cobra al final, y si alguien se va no hay a quién reclamarle.
Un grupo con reglas escritas arregla eso sin perder lo bueno: se anota todo, todos ven las cuentas y se reparte al final del ciclo. Y hay una palabra que conviene entender antes de firmar nada: en una cooperativa no eres cliente, eres socio. Cliente es a quien le venden. Socio es dueño de una parte y vota. Un socio, un voto, hayas puesto S/50 o S/5.000.
Una junta de diez personas a S/100 al mes: quien cobra en enero recibe S/1,000 habiendo puesto S/100. Quien cobra en octubre recibe los mismos S/1,000 habiendo puesto S/1,000 y esperado diez meses. Es la misma plata para los dos, pero no vale lo mismo. En un grupo con reglas, esa diferencia se reconoce y se reparte.
Si llegaste hasta acá, ya sabes de tu plata más que la mayoría de la gente. El paso que sigue no es leer más: es hacerlo con otros. Escríbenos y te contamos cuándo hay una charla cerca de tu casa.
¿Ser socio es lo mismo que tener una cuenta?
No. La cuenta te hace cliente. Ser socio te hace dueño de una parte y te da voto en las decisiones. Es una diferencia grande, aunque casi nadie la explique.
¿Un grupo de ahorro sirve si somos pocos?
Sirve desde unas diez personas. Con menos, la plata junta alcanza para poco y la falta de uno solo se siente demasiado.
